"El mundo desarrollado vive a costa del Sur"


"El mundo desarrollado vive a costa del Sur"
ABAI también ha integrado a los hombres, que hoy participan activamente en el proyecto.
ABAI también ha integrado a los hombres, que hoy participan activamente en el proyecto. (Fridolin Walcher und Michaela Hahn, Glarus Süd )

Por Rosa Amelia Fierro, swissinfo.ch

La creación de una Corte Penal Internacional del Medio Ambiente sería un paso hacia la justicia ecológica. Castigaría a los responsables de los daños a la naturaleza, que hasta hoy gozan de impunidad.

En la ‘Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los derechos de la Madre Tierra’ realizada en Bolivia en 2010, el pacifista argentino Adolfo Pérez Esquivel exigió la creación de esta Corte y de Tribunales Regionales.

Ese discurso del ganador Premio Nobel de la Paz 1980 se publica por primera vez enHambre de Justicia, perspectivas para la superación del hambre.

En este libro, junto a Pérez Esquivel, veinte personalidades latinoamericanas y europeas, mayormente suizas, reflexionan sobre interrogantes actuales.

La publicación también presenta a ABAI, organización de ayuda que fundó hace 30 años en Brasil la suiza Marianne Spiller-Hadorn.

Hambre de Justicia, “es resultado de un movimiento mundial de resistencia contra un modelo de vida y economía que solo crea pobreza, concentra riqueza y destruye las bases fundamentales de la vida”, explica a swissinfo.ch Spiller-Hadorn, una de las voces centrales del libro.

Desarrollo no es solo crecimiento económico

El cambio climático es la prueba más clara de que la Tierra está herida y enferma. “Mientras los países del Norte son responsables en gran parte de la actual crisis alimentaria y climática, los países del Sur cargan con el mayor peso”, denuncia Pérez Esquivel en el libro.

También critica a los gobiernos de los países del Sur por la falta de una propia política, independiente de los centros de poder económico y político y cuestiona el concepto de desarrollo.

“Muchos lo reducen a su dimensión económica y lo equiparan con el crecimiento ilimitado de la producción y el consumo. Pero este modelo capitalista y neoliberal convierte al desarrollo en pura explotación del Sur por el Norte dentro de un orden económico injusto”.

Para contrarrestar este paradigma, Pérez Esquivel propone “inspirarnos en la cosmovisión de los pueblos indígenas que han internalizado el vínculo con la Madre Tierra”.

Los derechos de la naturaleza fueron reconocidos en la Constitución ecuatoriana en 2008. Y el presidente boliviano Evo Morales ha lanzado la iniciativa para redactar la ‘Declaración Universal de los Derechos de la Madre Tierra’, que Pérez Esquivel insta a apoyar.

Protocolos y soluciones falsas

Una consecuencia del culto al consumo es el cambio climático. Aquí el Norte tiene una deuda con el Sur, pero no está dispuesto a pagarla, como lo demuestran los Protocolos de Copenhague, Río y Kioto, sostiene Pérez Esquivel.

“El objetivo del Norte es explotar todos los recursos para mantener sus estándares de vida y consumo. Ninguno de estos países cumple los objetivos del Protocolo de Kioto. Un ejemplo extremo es Estados Unidos”.

Estos países promueven además soluciones equivocadas como el mercado de CO2, mecanismo que solo ha establecido el derecho a ensuciar. El Norte no ha disminuido sus niveles de contaminación. Estos  supuestamente serán compensados con la financiación de proyectos en el Sur, que al final solo crean nuevos problemas sociales y catástrofes ambientales, apunta.

Por ello, el Nobel de la Paz insiste en crear una Corte Internacional de Medio Ambiente. “Los pueblos deben tener la posibilidad de dirigirse directamente a esta instancia. Con ello finalizaría la impunidad de la que gozan las multinacionales que se apoderan de bienes comunes”.

‘Swissness’ en la cooperación

¿Hay una particularidad (swissness) en la forma en que Suiza apoya proyectos de cooperación internacional? Richard Gerster, consultor en cuestiones Norte-Sur y ex director de la ONG Alliance Sud considera que sí y cita tres elementos:

“La elección de puntos esenciales basados en las fortalezas de Suiza -su tradición federalista, su sociedad civil, su formación profesional cercana a la práctica-, su preferencia por las regiones montañosas y su compromiso en asuntos financieros y ambientales”.

Swissness también significa poner al socio en el centro, darle prioridad y promover sus capacidades personales y profesionales. O poner de relieve valores como precisión y escrupulosidad, ponderar en gran medida el camino hacia la meta, el proceso, según Gerster.

Punto débil: la coherencia

Sin embargo, según Gerster, a Suiza le falta coherencia en su política frente a América Latina, África y Asia. “No es coherente ajustar la política exterior a ventajas económicas a corto plazo”.

En los años 90, el Gobierno definió cinco objetivos fundamentales en su política exterior: proteger y promover la paz y la seguridad; impulsar los derechos humanos, la democracia y Estado de derecho; fomentar el bienestar; reducir las desigualdades sociales y proteger los fundamentos de vida naturales. Estos objetivos ya no figuran en el reciente informe sobre política exterior, critica Gerster.

El caso del cacao ilustra el rol ambiguo y contradictorio de Suiza: Ghana es el mayor exportador de este grano, pero en el envío de cacao procesado ese país brilla por su ausencia. Los granos no procesados están libres de aranceles. Un chocolate producido en Ghana, en cambio, debe pagar una franquicia de más de 50 francos por 100 kilos.

Por un lado, se limita a la industria de Ghana; por otro, la cooperación al desarrollo intenta contribuir a crear trabajo e ingresos.

Que en este libro tomen la palabra personalidades del Norte y del Sur indica que debemos hablar más unos con otros, afirma su editor, Thomas Gröbly.

“Es injusto cuando alguien vive a costa de otros”, puntualiza el profesor de Ética, “una injusticia que impera en la relación Norte-Sur y en toda sociedad. Por ello, tomar en serio el hambre de justicia significa instituir una economía y condiciones de comercio justas, sociales y ecológicas, aun cuando ello vaya contra nuestros intereses”.

Rosa Amelia Fierro, swissinfo.ch

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