Ahogar la libertad de prensa en Argentina



La prensa y la Justicia, en la mira del poder

Las preguntas interpelan al poder y a la sociedad. ¿A qué se reduciría, en tal caso, el   del periodismo? ¿Quiere la sociedad, incluido un sector importante que votó por Cristina Kirchner, una prensa obediente y disciplinada? El compromiso del periodismo con su profesión es más largo que un período de triunfos oficialistas, y sus razones para existir son más profundas que una noche de algarabía política.

Aquellos errores verbales de Randazzo no son lo más grave que pasó. Gabriel Mariotto, titular de la autoridad audiovisual, pidió al día siguiente de la victoria que un juez apurara la cláusula de desinversión de la ley de medios. Era una presión pública e indebida sobre la Justicia. Se desdijo en el acto: pensó que el 15 de agosto era el 24 de octubre. El Gobierno le hizo saber que aún debe atravesar el crucial domingo 23 de octubre y le ordenó que se rectificase.

Hace pocos días, un cercano colaborador de Mariotto les dijo a periodistas del exterior que el Gobierno irá ahora hasta el final para aplicar todos los artículos de la ley de medios. Hay artículos que están suspendidos por la Justicia. El funcionario kirchnerista razonó que la votación del 14 de agosto le dio legitimidad al Gobierno para hacer eso. Es la arrogancia de la victoria.

La Comisión Nacional de Valores y Guillermo Moreno presionan todas las semanas sobre Papel Prensa. La futura composición del Congreso podría apurar una intervención judicial, legislativa o del propio Ejecutivo en la principal empresa productora de papel para diarios. Ese rumor sale de bocas kirchneristas. La Nacion y Clarín, sus dueños privados, deberían ir, entonces, a suplicarle a Moreno por una cuota de papel para imprimir sus noticias y sus opiniones. El Gobierno podría exigirle a Papel del Tucumán que cumpla con su compromiso inicial de producir papel para diarios, pero siempre chocará con el mismo problema: nunca habrá una fábrica de papel sustentable en la Argentina si La Nacion y Clarín no están entre sus clientes. El círculo se cierra sobre los mismos diarios y sobre los mismos afanes.

También una intervención podría caer sobre Cablevisión, del Grupo Clarín, si progresara el proyecto de Mariotto de crear falsas sanciones graves, enmarcadas en la reglamentación de la ley de medios y no en la ley. Intervención o cancelación de la licencia. Es otro proyecto que prepara el kirchnerismo. La guerra, en efecto, no ha cesado; su objetivo último es disciplinar a los dos grandes diarios para disciplinar a todo el periodismo nacional.

Los tribunales inferiores de la Justicia, para peor, están abrumados por el temor desde la noche del triunfo oficialista. Muchos jueces quieren llegar cuanto antes, y primeros, para agradar al poder. No temen ser colonizados; quieren ser colonizados. La Corte Suprema de Justicia es otra cosa. La inquieta más un país sin oposición. Los máximos jueces del país intuyen que ahora ellos serán tomados como bastiones opositores por los gobernantes o que la oposición podría usarlos como baluartes propios. Seguiremos siendo sólo una instancia de equilibrio institucional , dijo, preocupado, uno de esos jueces de la Corte.

La prensa es más frágil que la Corte, pero tan necesaria como la Justicia. El control del periodismo por parte del poder político es un camino trágico, que termina siempre en el control de la libertad.

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